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Limpieza para principiantes: ¿cómo usar lejía en casa?

Escrito por Redacción | agosto 06, 2015 | Hogar |
Limpieza para principiantes: ¿cómo usar lejía en casa?

La lejía, cloro o lavandina es un producto básico de la limpieza del hogar. Se caracteriza por su gran poder desinfectante, eficaz contra gérmenes, bacterias, moho y levaduras y demás microorganismos que pueden aparecer en las estancias de nuestra casa por las condiciones de humedad o el uso continuado. Además, la lejía es un agente blanqueador muy útil para eliminar manchas resistentes o devolver la blancura a objetos, paredes y tejidos.

Uno de los inconvenientes de la lejía es su fuerte y desagradable olor, que en ocasiones viene camuflado en algunos limpiadores con aromas a limón o pino. Además, un abuso de la lejía en la limpieza frecuente del hogar puede desencadenar problemas respiratorios a largo plazo. Por ello, es recomendable usar la lejía siempre diluida en agua para reducir la concentración y así reducir también el impacto en el medio ambiente.

Puede que si no tienes mucha experiencia en la limpieza de tu casa dudes sobre cómo usar la lejía, ya que se trata de un potente limpiador al que muchas personas son reacias por lo desagradable de su aroma. Pero debes saber que para mantener una completa higiene en el hogar es conveniente limpiar con lejía ciertos rincones y objetos de la casa para su total desinfección. Toma nota:

El baño

Es la estancia por excelencia que más bacterias puede llegar a acumular por la presencia del inodoro. Por eso, al menos una vez por semana es recomendable limpiar sus rincones con lejía. Pon especial atención al inodoro (también por fuera), el suelo de la ducha o la bañera, así como los lavabos, porque es muy fácil que las bacterias fecales lleguen más allá del inodoro con el uso continuado. Ten en cuenta que cuantas más personas usen el baño, más frecuente tendrá que ser la limpieza desinfectante, aunque si mantenemos una higiene regular, bastará con una vez por semana.

Además, debes limpiar con lejía la bañera con más frecuencia en caso de que haya peligro de contagio de afecciones comunes como hongos o papilomas entre los miembros de la casa. Es la única forma de garantizar que el contagio no se producirá en la bañera.

El suelo del baño es otro de los lugares donde más gérmenes y bacterias afloran por las condiciones de humedad y la proximidad del inodoro y la bañera. No olvides rematar la limpieza de tu baño con la fregona y un chorro de lejía en el cubo, que puedes combinar con otros productos fregasuelos que aporten un aroma fresco.

Si además detectas que en algún rincón de la pared ha florecido el moho debido al exceso de condensación retíralo con una bayeta y un poco de lejía, tal y como te indicamos en esta entrada: seis maneras de quitar manchas de moho de la pared.

VER TAMBIÉN: Cómo pintar una pared con manchas de humedad

En la cocina

El trasiego constante de alimentos frescos como carnes, pescados, frutas y verduras hace que la cocina sea otro foco frecuente de bacterias. En estos casos, conviene utilizar lejía para uso alimentario, específica para utilizar en la cocina, incluso para la limpieza de alimentos.

Así, aunque para desengrasar superficies habitualmente uses amoníaco o algún multiusos específico para cocinas, al menos una vez por semana conviene repasar encimeras y suelos con un poco de lejía.

Pon especial atención al cubo de la basura, en el que tienden a florecer los gérmenes, así como a las tablas de cortar comida. Puedes desinfectar estas últimas dejándolas a remojo con agua y unas gotas de lejía.

También puedes acometer la desinfección semanal de tu cocina con vinagre blanco (del de limpieza, no de vino), que resulta muy eficaz contra bacterias y gérmenes.

Bayetas y estropajos

Hay que tener en cuenta que los utensilios con los que limpiamos nuestro hogar también pueden acumular gran cantidad de bacterias. Por ello, además de reemplazarlos con frecuencia debemos lavarlos a menudo, ocasionalmente con unas gotas de lejía.

Así, después de cada limpieza general es aconsejable meter en la lavadora todas las bayetas y trapos que hayamos utilizado y, cada cierto tiempo, dejarlas a remojo en agua con un par de gotas de lejía. En el caso de los estropajos y esponjas, cuando acabes de usarlos, elimina manualmente los restos que se hayan quedado atrapados, límpialos a conciencia con agua y jabón y después déjalos a remojos en agua con unas gotas de lejía durante unas horas. Después, aclara bien y estarán listos para usar de nuevo. 

Principiantes: consejos para limpiar con lejía

- Dilúyela siempre en agua fría. Si se emplea agua caliente, pierde su poder desinfectante.

- Usa guantes para no dañar tus manos ya que la lejía es corrosiva.

- Cuando limpies con lejía mantén siempre los espacios ventilados para evitar la concentración de gases.

- Nunca la mezcles con amoníaco, la reacción química desprende un gas tóxico que puede resultar peligroso en grandes cantidades.

Por último, si te desagrada usar lejía puedes probar a limpiar estos rincones del hogar con alguno de los multiusos desinfectantes sin lejía que recientemente se han lanzado al mercado para sustituir a este clásico de la limpieza.

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