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Cómo elegir tu almohada ideal

Escrito por Redacción | septiembre 23, 2015 | Salud |
Elegir almohada

La almohada nos permite en la cama adoptar la postura más correcta y cómoda para nuestro cuerpo para así eliminar la tensión acumulada en el cuerpo a lo largo del día. Dar con la almohada ideal puede convertirse en todo un quebradero de cabeza, si bien los médicos, fisioterapeutas, quiroprácticos y demás profesionales advierten que no hay una norma estándar para elegir almohada y es cada uno mismo el que tiene que encontrar la que mejor se adapta a su descanso.

El objetivo principal a la hora de buscar almohada debe ser conseguir que cuando dormimos el cuello permanezca relajado y nunca en tensión (hacia delante o vencido hacia atrás).

No obstante, puedes guiarte a la hora de encontrar tu almohada ideal a partir de tu posición predominante en la cama, tu fisiología y las características de las más comunes en el mercado.

Según la posición en la que duermas

Siempre debes elegir una almohada que se adapte a la postura en la que duermes la mayor parte del tiempo para que tu cuello descanse más cómodamente.

Así, si duermes sobre todo boca arriba debes elegir una almohada de firmeza media para que la cabeza se mantenga un poco elevada del colchón y así permanezca alineada con la columna vertebral.

Si en cambio duermes de lado, debes asegurarte de que la almohada que usas salva el hueco existente entre cuello y el hombro, de modo que se dibuje un ángulo de 90º. Para ello, tendrás que optar por una almohada firme que evite además que la zona dorsal de la espalda rote hacia delante o atrás.

En el caso de que duermas boca abajo, postura totalmente desaconsejada por los especialistas, lo mejor es o no utilizar almohada o usar una muy blanda para no acentuar la curvatura de tus lumbares y sufrir dolores.

Por otra parte, aunque haya personas que consideren que no necesitan almohada, el hecho de no utilizarla, sobre todo a partir de la edad adulta, provoca una tensión innecesaria en el cuello que nos impedirá descansar con normalidad.

Según la complexión corporal

Tanto si duermes boca arriba como de lado, a la hora de escoger almohada debes tener el cuenta la anchura de tus hombros y tu espalda. Así, si tienes unos hombros anchos y robustos tendrás que buscar una almohada más alta que si tienes los hombros estrechos. El objetivo es que, al dormir de lado, el hombro quede en contacto con el colchón mientras el cuello reposa sin tensión alguna en la almohada.

Asimismo si duermes boca arriba y tienes una espalda robusta, arqueada o musculada, estarás más cómodo con una almohada firme y alta que te permita acomodar el cuello sin tensión mientras lo mantienes alineado con la columna vertebral.

En cualquier caso, si padeces lesiones de cuello o espalda, lo mejor es que consultes con tu especialista cuál es la firmeza y altura más adecuada.

Según el material

La firmeza de las almohadas varia en función del relleno. Los más comunes suelen ser:

- Plumas: es el relleno que mejor se moldea y adapta a nuestro cuello, aunque con el inconveniente de que en verano dan calor por la naturaleza del material. Su precio oscila entre medio y alto.

- Poliéster: es el relleno de las almohadas tradicionales y que usa la mayoría de la gente. Cuando tiene cierta calidad, este tipo de relleno emula el comportamiento de las plumas con la ventaja de que se puede lavar a máxima temperatura en la lavadora y no acumula ácaros. Su precio suele ser bajo.

- Látex y viscoelástica: son las más elásticas, por lo que se dice que tienen memoria, ya que se adaptan al peso y forma de la cabeza sin deformarse. Son ideales para personas con dolores de cuello. No acumulan ácaros y se ventilan muy bien

Además, para las personas con dolores de cuello se comercializan almohadas cervicales, diseñadas para permitir que la cabeza quede perfectamente acomodada y que el hueco que queda entre el cuello y el colchón quede relleno por el filo curvado.

En cualquier caso, la mejor manera de saber si una almohada responde a nuestras necesidades es probarla durante un período razonable de tiempo, teniendo en cuenta que al principio es posible que notemos molestias por el cambio de la antigua a la nueva.

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