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Cómo reconocer la carne fresca

Escrito por Redacción | enero 13, 2016 | Salud |
Cómo reconocer la carne fresca

La carne es un alimento muy presente en la dieta mediterránea del que sin embargo no se debe abusar. Encaja a la perfección tanto en guisos de cuchara como protagonizando platos principales, pero para tener éxito en nuestras recetas es importante que sepamos seleccionar las mejores piezas, para no llevarnos sorpresas.

En primer lugar, debemos siempre atender al etiquetado que nos informará sobre cuándo ha sido sacrificada y preparada la pieza en cuestión. Asimismo, si la compramos en el carnicero y no observamos fecha de caducidad en el etiquetado, debemos preguntarla para tener en cuenta el plazo óptimo de consumo. En cualquier caso, es preferible consumir la carne el mismo día que se compra para garantizar la máxima frescura y calidad.

Podemos reconocer la carne en mal estado por su apariencia, que nos dará pistas sobre lo poco recomendable de su consumo: suele presentar un color marrón, e incluso verdoso o morado a veces. Esos sí, debemos tener en cuenta que la carne envasada adquiere un tono marrón a causa de la falta de oxígeno, lo que no debería tener ninguna relación con su nivel de frescura. Igualmente, la carne en mal estado, o que ha perdido frescura presenta una textura más pegajosa, que indica que las bacterias han comenzado a aflorar.

También podemos deducir la edad aproximada del animal del que procede la carne por el color de la grasa de cada pieza. Cuando la grasa es de un tono blanquecino, corresponde a un animal más joven y por tanto más valioso. Las piezas con grasa de tono amarillento son las más viejas.

Toma nota del aspecto que deben tener las carnes más comunes:

La carne roja debe tener un color vivo cuando está fresca. Si son piezas con vetas de grasa sabremos que la carne será más jugosa. Cuando la pieza es joven (hasta los dos años) se le llama ternera. De los dos a los cuatro años se considera carne de novillo y cuando ha llegado a la edad adulta, hacia los cuatro años, pasa a llamarse buey. En cualquier caso, la grasa de las piezas ha de tener un color blanquecino para que nos indique frescura.

La carne de cerdo se caracteriza por un color rosado o rojo pastel, con grasa de color blanco. Al ser cocinada suele reducirse visiblemente su tamaño.

En cuanto al pollo, puede tener un color amarillento, que indicará que ha sido alimentado de forma natural, con maíz. Es mejor escoger piezas compactas, que no presenten hematomas y tengan la carne firme.

Con la carne de cordero tendremos que distinguir entre el lechal (de cuatro a seis semanas de vida), y con una carne rosada y con poca grasa. En cambio, el cordero pascual (con hasta un año de vida) presenta una carne más roja y con más grasa de un tono amarillento, que tendrá un sabor más intenso una vez cocinado.

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