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Consecuencias de comerse las uñas

Escrito por Redacción | mayo 09, 2016 | Salud |
Consecuencias de cormerse las uñas

La onicofagia es el impulso de comerse las uñas de forma casi inconsciente. Se trata de un trastorno psicológico que, en los casos más graves, puede requerir la ayuda de un profesional. Presenta mayor incidencia en la niñez y en la adolescencia, aunque también puede darse en adultos.

Suele estar asociado a problemas de ansiedad y situaciones de estrés, ya que quien se muerde las uñas suele percibir cierto alivio de sus tensiones con este hábito. Pero lo cierto es que comerse las uñas puede tener peores consecuencias para la salud, más allá de la impresión estética:

Problemas en las uñas

Es el trastorno asociado más evidente, ya que con el hábito de mordernos las uñas estamos afectando a la estructura y crecimiento de las mismas, llegando a provocar secuelas permanentes que pueden llegar a ser muy graves. El extremo más grave de este hábito compulsivo es la pérdida de la uña, mientras que los casos más comunes derivan en la deformación de la misma.

También es habitual que la onicofagia provoque grietas, roturas dolorosas y levantamiento de las capas. En general, el crecimiento normal de la uña se ve afectado progresivamente. Por eso, las uñas de las personas que llevan mucho tiempo con este hábito suelen presentar una forma rectangular o achatada, que incluso modifica la forma del dedo. Y es que, con el paso del tiempo, la uña puede frenar su crecimiento.

Problemas en los dedos

Algunos casos de onicofagia evolucionan hacia la necesidad de comerse también las cutículas y pieles que rodean las uñas, por lo que el daño y el efecto antiestético se multiplican. En estos casos es frecuente la aparición de heridas que fácilmente se infectan, e incluso, en los casos más graves, dan lugar a abscesos.

Comerse las uñas puede fácilmente provocar dolor en los dedos al utilizarlos en nuestra vida diaria para tareas tan cotidianas como coger objetos, teclear en un ordenador o despegar una etiqueta. En general, si nos mordemos las uñas, perdemos adherencia y precisión a la hora de trabajar con las manos.

Problemas en los dientes

Al mordernos las uñas, no son los dedos los únicos que sufren. Por un lado, el constante roce de los dientes con las uñas puede favorecer la aparición de caries por el desgaste de la adamantina que forma el esmalte dental. Las posibilidades aumentan si tenemos en cuenta que se pueden transferir las bacterias alojadas en nuestras uñas a los dientes.

Además, la onicofagia puede llegar a modificar la mordida, provocando casos de maloclusión (las mandíbulas no encajan como deben) y dar lugar a sensibilidad en los dientes, debido al constante choque de las piezas dentales que se produce al comernos las uñas. Todo esto puede generar molestias en la boca derivadas de la tensión que se acumula en las mandíbulas al tratar de morder constantemente las uñas.

Problemas emocionales

Aparte de la dependencia propia del trastorno de la onicofagia, el hecho de comprobar el mal estado de las uñas y la piel de alrededor puede provocar aún más ansiedad, dando lugar a un círculo vicioso en el que resulta imposible renunciar al hábito.

Por otra parte, quienes no pueden controlar el impulso de comerse las uñas sufren sentimientos de frustración y baja autoestima, debido a las consecuencias antiestéticas de la onicofagia.

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