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Errores al hacer la compra que arruinan tu dieta

Escrito por Redacción | noviembre 20, 2018 | Salud |
Errores al hacer la compra que arruinan tu dieta

¿Quién no ha acudido alguna vez al supermercado a por «un par de cosas» y ha salido por la puerta con el carro lleno? Con toda probabilidad, no solo será perjudicial para el bolsillo, sino también para el objetivo de una dieta sana. Como todo en la vida, contar con un plan y unas reglas a la hora de acudir al supermercado nos evitará algunos errores al hacer la compra que todos cometemos alguna vez.

¿Te suenan?

Ir al supermercado con hambre

Seguro que ya has comprobado los efectos de hacer la compra con el estómago vacío. Efectivamente cuando lo haces eres más susceptible a gastar en exceso y a comer cosas menos saludables de lo habitual. Así que asegúrate siempre de tomar al menos un tentempié antes de exponerte a la imagen de tanta oferta de comida ante tus ojos.

Hacer la compra sin una lista

Acudir al supermercado sin la lista de lo que necesitas te hace más vulnerable a las trampas del marketing y hace que sea más probable que vuelvas a hacer la compra en breve. Si te resulta más fácil, utiliza una aplicación para hacer la compra y ve anotando en tu teléfono los productos que vas necesitando para que a la hora de hacer la compra lleves la lista contigo con toda seguridad.

Comenzar por el pasillo equivocado

A veces la configuración de los supermercados nos lleva a comprar alimentos que no teníamos pensado adquirir o que nuestra dieta no necesita. Trata de comenzar siempre por los pasillos de los productos frescos, como frutas, verduras, carnes y pescados, luego los lácteos, después conservas y procesados sanos (integrales). La idea es que cuando solo te queden los pasillos de los ultraprocesados, tengas el carro lleno o la lista de la compra ya completa, de tal manera que la tentación sea menor.

No revisar los ingredientes

Si solo te quedas en la tabla nutricional de las etiquetas, te faltará una información muy importante para la decisión de compra. Los tres primeros ingredientes del etiquetado indican una mayor presencia en el alimento, así que revisa que estos sean salusables. Además, es posible que muchas etiquetas desgranen los diferentes tipos de azúcares que contienen (jarabe de fructosa, sacarosa, maltosa, miel, ágave, jugos de concentrados, etc.) para evitar que el azúcar aparezca en esas primeras posiciones.

Solo productos 0%

La obsesión por la grasa a veces nos lleva a caer en productos con altos contenidos en azúcar (los fabricantes añaden este ingrediente para compensar). Ya hace años que las grasas saturadas se convirtieron en el enemigo número uno de la dieta saludable, pero esta alarma dio pie a que la industria de la alimentación sustituyera ese tipo de ingredientes por diferentes formas de azúcar. No caigas en la trampa de los 0% y comprueba siempre las etiquetas: ni demasiadas grasas saturadas, ni demasiados azúcares.

Pasar de los congelados

El pasillo de los artículos congelados a veces goza de una mala fama injustificada. Dejando aparte ultraprocesados como pizzas, lasañas, fritos y helados, siempre es un buen recurso hacerse con un buen arsenal de verduras (incluso frutas) congeladas. Son más baratas, no perecederas y contienen todos los nutrientes. Pueden ser todo un salvavidas cuando no tenemos verdura fresca y no podemos acudir al mercado.

Saltarte las conservas

Los productos enlatados y en bote contienen alimentos que en muchas ocasiones nos pueden solucionar una comida saludable. Botes de garbanzos, latas de sardinas, pimientos, atún, etc. Solo cerciórate de que no llevan demasiada cantidad de sal o azúcares añadidos para dar con las mejores opciones.

Dejarte llevar por las ofertas

Cuando tienes previsto comprar un producto, las ofertas son una buenísima opción. Pero si simplemente confeccionas tu lista de la compra sobre la marcha según las ofertas con las que te vas encontrando, probablemente tu dieta se resienta. Solo piensa: «¿Normalmente compraría esto?». Si la respuesta es «no», la oferta no será una razón suficiente, a no ser que hablemos de un alimento supersaludable que habitualmente no te puedas permitir. Si la respuesta es «sí», aprovecha para abastecer la despensa.

Compras impulsivas

Esas pequeñas compras de productos superfluos en las que caemos en la línea de caja son una auténtica trampa para la buena alimentación. Si realmente buscas darte un capricho, no tomes la decisión en segundos justo cuando te dispones a pagar. Acaba tu compra de alimentos reales y entonces decide qué capricho te vas a dar, siendo consciente del precio y los ingredientes del producto elegido. En la línea de caja la compra es más impulsiva y menos provechosa para el consumidor.

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